Aprende a escucharte y cuidarte emocionalmente en tu rol de madre

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Aprende a escucharte y cuidarte emocionalmente en tu rol de madre

Toda la sociedad en su conjunto cuida ampliamente a la mujer embarazada y al bebé por nacer, pero conforme el parto se manifiesta y la mujer deviene madre, la mayoría de veces no llega a cubrir y acompañar el profundo y -muchas veces doloroso – proceso del puerperio y de la reciente maternidad, como tantas mujeres de hoy en día lo necesitan.

Los cursos de posparto ofrecidos por la seguridad social o la mutua suelen enseñar cuidados más bien de tipo práctico y aunque ofrecen una gran ayuda y funcionan como pequeño grupo de contención, pueden llegar a ser limitados en tiempo y profundidad para muchas mujeres que requieran de más apoyo emocional. Además, muchas necesitan acompañamiento profesional para adaptarse y procesar todo lo nuevo que está ocurriendo tanto a nivel personal e interno, como a nivel de relaciones: con la pareja a nivel afectivo y a nivel de modelos de crianza, con la familia de origen de cada, con los otros hijos si los hubiera, con el pequeño ser que acaba de nacer, …

Cuatro simples pautas para favorecer el bienestar y la salud emocional de la mujer en el puerperio y la maternidad:

  1. Propiciar, favorecer y cuidar la lactancia materna: los beneficios que al recién nacido y luego al niño/a aporta la leche materna y el amamantamiento son por demás conocidos. Pero también es importante remarcar que la lactancia materna produce un estado hormonal idóneo para que el cuerpo vaya adaptándose a la nueva situación hormonal – y de vida – poco a poco después del parto. Favorece en la madre la vuelta a la normalidad del funcionamiento de su cuerpo y cualquier desequilibrio en el exterior, en la relación con la pareja, la relación presente o pasada con la propia madre, y cualquier desconexión con una misma, lo vamos a ver reflejado en la lactancia: desde grietas en los pezones, a poca producción de leche, falta de paciencia o cariño a la hora de amamantar, etc.
  2. Cuidar del descanso: el descanso de la madre durante los primeros meses, pero sobre todo en el puerperio, es fundamental pero no siempre respetado. Incluso por la misma madre, motivada por el deseo de “hacer tantas cosas pendientes” en la casa o en su vida en el limitado y estrecho tiempo de las siestas del bebé, no se brinda el tiempo de reposo necesario para recuperarse. El cuerpo de la mujer ha hecho un enorme y profundo trabajo entre los constantes y abruptos cambios del embarazo y el parto ¡Ahora necesita descansar y recuperarse! Es interesante que la pareja y la familia animen a la madre a dormir durante el día, o al menos a que se mantenga tumbada para que su pelvis pueda acomodarse sin tensiones durante los primeros días. El útero irá volviendo de esta manera a su sitio y las pérdidas irán disminuyendo a lo largo de los primeros días y/o semanas. Incluso si hubiera mucho esfuerzo físico y falta de descanso puede que se alargue la recuperación de la salud en general y que el cuerpo emocional- mental de la mujer no tenga la suficiente fuerza y energía para acompañar toda la nueva y futura tarea que se avecina: abastecer y cuidar tanto de sí misma como de otra persona.
  3. Reconocer su estado anímico y liberar aquellas emociones que no ayudan a sentirse en paz: es muy beneficioso eliminar tensiones físicas que se puedan generar por la lactancia, llevar al bebé en brazos tantas horas, malas posturas adquiridas al dormir junto al bebé, poco descanso durante la noche, falta de ejercicio desde – en la mayoría de los casos – varios meses, etc. La tensión corporal y rigidez pueden generar además de dolor físico, estados de tristeza sostenida, irritabilidad y apatía, entre otras. Por esto, es muy importante incorporar en el día a día diferentes actividades físicas como: caminatas, estiramientos, movimiento o danza suave y consciente, ejercicios de recuperación pélvica que pueden ayudar a diluir estas tensiones para que no lleguen a crear mayores dificultades e incomodidades.
  4. Crear una buena red de contención y hacer tribu: el poder encontrar acompañamiento de otras madres con más experiencia y deseosas de colaborar también será beneficioso para la mamá reciente. La ayuda de las amigas, familiares y grupos de crianza ofrecen ese sostén en la vida diaria tan necesaria para adaptarse correctamente al nuevo rol de madre, de mujer, de trabajadora, etc. Anteriormente, nuestras antepasadas no estaban solas. Sus madres, hermanas, vecinas y comadres las acompañaban, sostenían y cuidaban, tanto a la madre como a la criatura. Se turnaban para que ellas pudieran recuperarse y además les introducían en los cuidados emocionales y físicos del recién nacido.

En la medida de lo posible, el reproducir esas condiciones óptimas de crianza, ayuda mucho a que la madre no se sienta abrumada por deseos contrapuestos, ni viva este tiempo tan especial e irremplazable para ambos en un tira y afloja constante de culpabilidad, tanto si favorece el confort y necesidades del bebé, así como si no lo hace y prioriza en cambio las suyas propias.

Muchas veces las madres se sienten agobiadas y “cargadas” por la constante demanda y llamada del bebé, pero si en lugar de luchar pensando en todo lo que les gustaría hacer en ese momento,  escucharan sus instintos y se abrieran a aceptar la situación vital que les toca en ese momento, podrían reconciliarse con esa necesidad de cariño y afecto del bebé, disfrutando asimismo de este contacto. Los niños y niñas son animales mamíferos que precisan de la cercanía de sus padres para desarrollarse adecuadamente pero ¿Se tiene claro los beneficios de ese contacto para la madre también?

 

 

A través de la piel se estimula el sistema nervioso primitivo, que es el que se encarga de que esté bien despierta la intuición en la madre. Además, oler al bebé constantemente por tenerlo bien cerca suyo ayuda a mantener el vínculo que tenían previamente cuando el bebé estaba dentro del vientre.

Las madres de hoy están mucho más solas y aisladas que en el pasado. Eran hasta hace muy poco mujeres independientes y nunca nadie las previno sobre ese amor loco y apasionado por su hijo, ni sobre la necesidad permanente que el bebé tiene de ellas. Por eso, no es juzgable esta frustración que pueden sentir algunas veces por el deseo contrapuesto de hacer muchas cosas fuera de casa o por sí mismas y la necesidad constante de contacto y cuidado al bebé y tenemos que aceptarla, pero sin dejar que se perjudique o llegue a dañar al bebé por excesiva irritabilidad o falta de cariño. Es importante reconocer cuándo es el momento de pedir ayuda terapéutica o profesional. Y sobre todo que aprenda a cuidarse poco a poco, favoreciendo el apoyo y la consciencia interna así como el empoderamiento como madre y como mujer que puede ofrecer el yoga, la meditación, el acompañamiento terapéutico y todo aquello que ayude a cada una en particular.

Esperando que te haya sido útil, si quieres que te acompañe en este nuevo viaje que se inicia o se ha iniciado en los últimos meses, clica en http://www.terapiaintegralbcn.com/

Giselle Musicant

Terapeuta Gestalt, Coach y Profesora de Yoga especializada en Parejas, Maternidad y Embarazo.

By | 2018-03-19T22:03:03+00:00 19 Marzo, 2018|0 Comments

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