Me muero de sueño

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Me muero de sueño

Dormir es una necesidad básica para una mujer embarazada. El hecho de dormir estando embarazada tiene una serie de particularidades en cuanto a la cantidad de sueño y a la calidad o capacidad de reparación del mismo. A menudo en la consulta las embarazadas me dicen “parezco una marmota”… hoy veremos por qué.

Y es que durante el primer trimestre del embarazo la mujer tiene un sueño exagerado; dormiría todo el día. Esto tiene una explicación hormonal: durante el embarazo los niveles de progesterona circulante son muy elevados, y esta hormona se caracteriza, entre otras cosas, por ser capaz de ocasionar un sueño terrible. Además, hace que el sueño no sea tan reparador, por lo que la mujer se puede ir a dormir a las nueve de la noche y levantarse igualmente agotada la mañana siguiente. Asimismo, esta sensación de cansancio extremo puede favorecer la aparición de náuseas y vómitos. No hay ningún tratamiento aparte de intentar dormir ocho horas por las noches y hacer alguna siesta cuando se pueda. Sin embargo, y a pesar de las creencias, lo que no da sueño es la anemia. Sí que puede provocar sensación de cansancio o de falta de aire al hacer esfuerzos (por ejemplo, subir escaleras), pero no provoca más ganas de dormir.

Los niveles de progesterona continúan aumentando a lo largo del embarazo, pero la necesidad extrema de dormir, por suerte, no. Hacia las 13-14 semanas nuestro cuerpo se ha adaptado a estos cambios y ya no se tiene esta somnolencia exagerada. El segundo trimestre posiblemente es el mejor en cuanto a dormir: ya no se tiene tanto sueño y al mismo tiempo los cambios anatómicos consecuencia del embarazo aún no son muy evidentes, de modo que la mujer puede dormir prácticamente en cualquier postura y suele tener un sueño más reparador. Quizás puede empezar a necesitar levantarse a orinar una o dos veces, pero esto será más acusado en el tercer trimestre.

Cuando se entra en el tercer trimestre, distintos factores complican el sueño y dormir 8 horas seguidas puede parecer una utopía. Muy a menudo la mujer ya se siente cansada por la mañana. De entrada, como es evidente, la barriga y los pechos ya tienen un volumen considerable y dificultan dormir en determinadas posturas. Si añadimos el dolor de espalda o de pelvis típico de muchas embarazadas, no se puede mantener la misma postura mucho rato. Lo mejor es hacerse amiga de cojines de diferentes formas, aunque eso implique reducirle espacio vital a la pareja. Por ejemplo, poner una almohada entre las dos piernas, o bajo la barriga si se duerme de lado, hace que la pelvis quede mucho más estable y apoyada.

¿De qué lado tengo que dormir? ¿Es mejor boca arriba o de lado? Estas son preguntas que me hacen muy a menudo en la consulta. Y es que muchas pacientes han escuchado que las mujeres embarazadas deben dormir hacia el lado izquierdo. Esto es cierto en casos de problemas de crecimiento fetal o determinadas patologías, ya que en esta postura la vena cava queda mas libre y, por tanto, aumenta un poco más la perfusión de la placenta. Pero la embarazada que no tiene ninguna patología debe dormir como quiera … o como pueda. Y, en todo caso, esto del lado izquierdo sería válido de cara al tercer trimestre, pero no en la semana seis.

La acidez, sobre todo hacia el final del embarazo, es otro factor que dificulta el sueño. Para combatirla tenemos medidas dietéticas, como evitar los alimentos picantes o ácidos o las verduras crudas por la noche, además de tratamientos médicos. También es recomendable no acostarse justo después de cenar, sino con la digestión ya hecha.

Por otra parte, el crecimiento del útero hace que la vejiga vaya quedando cada vez más comprimida, y por tanto se distiende con más dificultad y a la mínima queda llena y se tienen ganas de orinar. Por eso a medida que avanza el embarazo (sobre todo el tercer trimestre) la mujer orina con mucha más frecuencia, tanto de día como de noche, lo que contribuye aún más a tener un sueño fragmentado y no reparador.

Todo esto que he explicado, sumado al posible miedo a lo desconocido y la ansiedad que puede generar el hecho de estar embarazada o la proximidad del momento del parto, hace que el insomnio sea muy habitual. Es muy típico dormirse sin ninguna dificultad, levantarse para ir al baño, volver a la cama, no encontrar una postura cómoda, ponerse a pensar en cualquier cosa y desvelarse. Todo esto no requiere ningún tratamiento si no hay ninguna patología, simplemente hay que intentar no acostarse muy tarde y buscar algún momento para descansar a lo largo del día. También puede resultar útil aprender técnicas de relajación y hacer ejercicio suave durante el día. Las bebidas calientes antes de ir a dormir no siempre serán buena idea, ya que pueden contribuir aún más a llenar la vejiga e ir más al baño. Y, si se mira la televisión antes de ir a dormir, una comedia romántica ayudará más a descansar que una película de acción o de terror. Si no, donde esté un buen libro, adiós pantallas.

En definitiva, que dormir durante el embarazo no es tan reparador como antes, y muy pronto se acaba esto de dormir profundamente durante siete u ocho horas seguidas. Si lo miramos por el lado positivo, puede suponer un entrenamiento para cuando nazca la criatura, la cual tampoco nos dejará dormir ocho horas seguidas durante una buena temporada.

¡Felices sueños!

By | 2019-04-29T13:22:08+00:00 29 abril, 2019|0 Comments

About the Author:

Médico Especialista en Obstetricia y Ginecología en el Hospital General de Catalunya. Madre y Blogger. Me encanta escribir, y me apasiona acompañar a las mujeres en su viaje más bonito.

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