portada-vaginaQue una mujer vaya al médico porque ha perdido un preservativo (o un tampón, o cualquier otro objeto) en su vagina solo significa una cosa: que no conoce su vagina. Porque si la conociese, si se la hubiese tocado más de una vez, sabría que no es un pozo sin fondo.

No señoras, las cosas no se pierden en la vagina. La vagina no se comunica con la cavidad abdominal… si no nos asomarían los intestinos a través de la vulva y nos colgarían entre las piernas. Así que si hemos olvidado algo en la vagina, o se ha caído o sigue allí, pero no ha podido ir a ningún otro lugar del cuerpo.

¿Habéis probado de introducir un dedo en vuestra vagina? En el fondo encontraréis un tope. Se trata del cuello del útero, que se encuentra cerrado (a no ser que la mujer esté de parto). Por el cuello del útero entran los espermatozoides en el acto sexual, y nueve meses más tarde salen los bebés. Más o menos tiene una consistencia así:

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Seguro que muchas de vosotras habéis puesto cara de asco al leer la anterior pregunta. Y es que a mucha la gente le da asco, reparo o vergüenza tocarse la zona genital, llamada de mil maneras, desde vulva hasta mis partes, cosita, chichi, pepe, u otros nombres de una lista interminable y variable según la finura que tengamos. No es necesario hacerlo en público ni cenando con amigas, pero es imprescindible conocerse a una misma. Y esta falta de autoconocimiento genital generalizada nos viene marcada desde la infancia. Se tiende a decir a las niñas “no te toques”, “eso está sucio”, “no seas cochina”, etcétera. Es algo prohibido, feo, sucio, que huele mal, lejano, como si no formase parte del cuerpo. No está conectado con nuestra mente. ¿Cómo vamos a tocarlo después en la edad adulta?

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Las dudas alrededor de la vulva y la vagina en mujeres adultas son incontables. A menudo se duda sobre la normalidad de la propia anatomía. “¿Tengo los labios demasiado grandes?”, “¿Qué es esto que cuelga?”… y un largo etcétera.

En la vulva hay cuatro labios: los dos mayores (uno a cada lado), que son los que están cubiertos de vello, y los dos menores, sin vello, que están por dentro y son más delgaditos. Tanto unos como otros pueden ser más claros, más oscuros, más grandes, más pequeños… del mismo modo que puede variar el color de los ojos o la altura de una persona a la otra. El tamaño de los labios menores puede ser una fuente de complejos, que lleva a más de una mujer (sobre todo chicas jóvenes) a pasar por el quirófano para recortarlos.

Entre los labios menores, en la parte de arriba, encontramos el clítoris. El clítoris es una zona erógena, es decir, que estimulándola obtenemos placer. Este placer lo puede generar la pareja o una misma. Y alrededor de los labios, por dentro, se encuentra el himen. Éste está íntegro en mujeres vírgenes, y se rompe tras las primeras relaciones sexuales con penetración, pudiendo quedar pequeños colgajos de piel que pueden llegar a asustar a la mujer que se toca o se mira con un espejo por primera vez.  Que por cierto, para tocarse esta zona sin molestias lo ideal es utilizar un aceite íntimo o un lubricante de base acuosa.

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En la vulva desemboca la vagina. Es decir, que la vagina es el espacio situado entre el cuello del útero y la vulva. Es un espacio más o menos virtual cuando no hay nada dentro, y sus paredes son elásticas y son capaces de dar de si (por ejemplo para que pueda nacer un bebé).

Volvamos fuera, a la vulva. En la entrada de la vagina, en la parte de abajo, existe un lugar llamado periné que separa este orificio del ano. El periné no está formado exclusivamente por piel, sino que en él encontraremos múltiples músculos que forman parte del suelo pélvico, y que se encargan de sostener el peso de los órganos pélvicos (fuerza) y de facilitar a su vez su elasticidad, en un perfecto equilibrio. Si este equilibrio se rompe, podemos encontrar debilidades, incontinencia y prolapsos, o por el contrario contracturas, dolores y rigideces, según hacia dónde se incline la balanza.

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La vulva y la vagina son regiones anatómicas importantes de cara al parto, pero también lo es enormemente el periné. Y es que éste debe distenderse y relajarse para facilitar la salida del bebé. Si la mujer no conoce su cuerpo, no se ha tocado nunca, y no tiene conectada su mente con su área genital, le será más difícil visualizar el nacimiento y relajar la zona. Y aquí radica la importancia del masaje perineal, que a menudo se “vende” para reducir la probabilidad de necesitar una episiotomía. Esta utilidad no se ha demostrado científicamente, pero sí que se ha visto que el masaje perineal durante las últimas semanas de embarazo ayuda a la mujer a familiarizarse con la sensación de estiramiento de esta zona, reduciendo su ansiedad y ayudándola a relajar más esta área en el momento del parto. En definitiva, puede ser la excusa para que muchas mujeres se toquen, se exploren y se conozcan a si mismas por primera vez.

Así que chicas, despertad. Si no os conocéis a vosotras mismas, nunca es tarde. No tengáis miedo a tocar, a mirar. Vuestros genitales son vuestros. También puede ser un buen juego para hacer en pareja. Recordad: la vagina no es un pozo sin fondo.