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Muchas mujeres, cuando explican su parto, cuentan que les hicieron un tacto que les dolió mucho y esa misma noche se pusieron de parto. ¿Es eso casualidad? ¿Los tactos vaginales hacen que se active el motor del parto?

Probablemente a estas mujeres que se pusieron de parto tras un tacto doloroso les hicieron la llamada Maniobra de Hamilton. Ésta consiste en introducir el dedo a través del cuello del útero (mediante un tacto vaginal), e ir girando el dedo dentro como si fuese una peonza, intentando separar la parte de debajo de la bolsa amniótica de la pared del útero. Con esta acción se busca liberar prostaglandinas, una sustancia que contribuye a las primeras modificaciones del cuello del útero (de hecho, en las inducciones de parto se administran prostaglandinas con este objetivo: madurar el cuello). Para poder realizarla es necesaria cierta dilatación del cuello, como mínimo un centímetro.

Evidentemente, pasar un dedo por el cuello del útero y girarlo es doloroso para la mujer. Y además suele producir sangrado, con el consecuente susto por parte de la paciente si nadie le ha explicado qué le han hecho y por qué. Del mismo modo que también se puede romper la bolsa amniótica, lo cual no es una buena noticia si la mujer no está de parto.

Algunas mujeres sí que se pondrán de parto con la Maniobra de Hamilton, que de hecho está considerada en los protocolos médicos como un método mecánico de inducción del parto. Pero otras simplemente tendrán contracciones erráticas, dolorosas y que no les llevarán a ningún lugar, o sangrados, o romperán la bolsa sin estar de parto… es decir, no es oro todo lo que reluce.

¿Debe evitarse entonces la Maniobra de Hamilton? Puede ser una buena idea, si la mujer está de acuerdo, cuando tenemos un motivo médico para finalizar el embarazo y fecha de inducción a la vuelta de la esquina, de cara a intentar activar el trabajo de parto y evitar la inducción con medicamentos. Entonces le explicaremos a la mujer que mediante esta maniobra se puede intentar iniciar el proceso, que puede ser efectiva o no, que puede romper la bolsa y que es probable que sangre después. Algunas la preferirán, pero otras quizás preferirán ir directamente a la inducción mediante rotura de bolsa y/o oxitocina. Lo que debe evitarse es realizarla sin el consentimiento de la mujer, diciéndole que se le hará un tacto, o que se le va a dar “un empujoncito”. No olvidemos que se considera un método mecánico de inducción, de modo que la mujer debe estar de acuerdo con ello.

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La Maniobra de Hamilton es bastante conocida entre las mujeres. De hecho algunas mujeres que tienen muchas ganas de ponerse de parto la solicitan ellas mismas… pero cada vez son más las que deciden que no desean que se les hagan tactos vaginales rutinarios antes del parto. Y esto, en parte es para evitar que se les realice esta maniobra sin previo aviso. Y es que a más de una se le ha realizado sin que fuese consciente de ello, o sin explicárselo, por el simple hecho de estar de 40 semanas (o 39, o hasta 38…), sin motivos, y encontrándose de golpe ante un tacto doloroso.

Los tactos vaginales al final del embarazo sirven para conocer en qué grado de maduración y dilatación se encuentra el cuello del útero, pero esta información no es siempre imprescindible. Si no hay ningún motivo médico para finalizar el embarazo, y vamos a esperar a que la mujer se ponga de parto, en realidad no tiene mucha importancia saber si está dilatada de un centímetro, de dos o no ha dilatado nada. Si ella desea saberlo, o tiene contracciones y queremos ver si está de parto, o hay algún motivo médico, sí que realizaremos un tacto. No es malo hacer un tacto simplemente para obtener esta información, introduciendo los dedos y sacándolos en unos segundos, sin hurgar. Pero si se dice que se hace un tacto, se hará solo un tacto, y no una Maniobra de Hamilton sin previo aviso y sin permiso.