anestesista

Tras iniciar el tema en el post anterior, esta semana continuamos hablando sobre el parto inducido. Recordemos que cuando inducimos un parto lo hacemos porque por el motivo que sea necesitamos poner fin al embarazo, y activamos el motor del parto con medicación (oxitocina o prostaglandinas según cómo esté el cuello del útero, como explicamos la semana pasada). Seguimos pues resolviendo interrogantes al respecto.

¿La inducción del parto tiene efectos secundarios? ¿Es cierto que un parto inducido duele más que cuando se desencadena de forma espontánea?

El principal efecto secundario de una inducción es que no funcione, y que por tanto sea necesaria una cesárea, como hemos explicado.

Las contracciones producidas por la oxitocina intravenosa pueden ser más intensas y dolorosas que las espontáneas, y más si añadimos la rotura de la bolsa. Esto hace que en la mayoría de inducciones se utilice analgesia epidural, pero la decisión final es de la mujer. Pero la inducción no debe asociarse a tortura ni a sufrimiento, y siempre se utilizan dosis bajas al inicio y se administra analgesia epidural cuando el trabajo de parto ya está establecido.

Cualquier parto es más doloroso cuando no hay libertad de movimiento. Aunque se requiera monitorización del latido del bebé y de las contracciones, determinadas posturas o movimientos son totalmente compatibles con ella y ayudarán a que la madre esté más confortable.

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Un parto inducido no es un parto natural… ¿puedo tomar decisiones?

En el momento en el que estamos induciendo el parto, éste deja de ser un proceso natural. Pero esto no significa que no podamos disfrutar el momento ni tomar decisiones al respecto.

Para ello, podemos igualmente presentar un Plan de Parto para transmitir nuestros deseos y voluntades al personal que nos va a atender. Evidentemente no tiene mucho sentido pedir que no se utilice oxitocina ni se rompa la bolsa amniótica cuando se trata de activar el proceso que no ha empezado de manera natural. Si no hacemos nada, el parto no se iniciará. Pero la mujer puede decidir si utilizar o no analgesia epidural, si le gustaría tener libertad de movimientos antes de que se le administre anestesia, o elegir en qué postura dar a luz. Y no tiene por qué haber más episiotomías en un parto inducido que en uno espontáneo.

Y, sobre todo, un parto inducido no está reñido con un contacto inmediato piel con piel (si no hay ningún problema médico que obligue a lo contrario) ni con un inicio precoz de la lactancia.

¿Es cierto que la leche tarda más en subir?

La subida de la leche depende principalmente de la succión del bebé. Si ésta es correcta y se inicia tras el alumbramiento, no encontraremos diferencias entre partos inducidos y espontáneos.

Cómo se encuentra la madre a nivel físico y emocional es importante de cara a la subida de la leche. Si la madre ha vivido la inducción con miedo y ha tenido una mala experiencia liberará menos oxitocina que si ha tenido una vivencia positiva del momento.

¿Me puedo negar a una inducción?

El principio de autonomía del paciente hace que éste deba consentir cualquier intervención o procedimiento médico. Así pues, una mujer se puede negar a una inducción de parto, pero siempre siendo debidamente informada de los pros y contras en su caso individual. Cuando hay un motivo médico, la inducción se plantea por la seguridad de la madre y del bebé, para evitar complicaciones en caso de continuar el embarazo. Si la madre no consiente la inducción, está asumiendo los riesgos que esto implica, así que hay que tenerlo muy claro.

Diferente es cuando los motivos son de tipo social, por cuestiones logísticas. Éstas quizás no son imprescindibles, y la mujer es libre de aceptar la inducción o de optar por esperar. Lo importante es que haya diálogo entre médico y paciente, que la información se exponga de manera clara y objetiva, sin coaccionar ni presionar a nadie.

Así pues, ¿tan mala es una inducción?

Evidentemente siempre es mejor que el parto se desencadene de manera espontánea y que el proceso sea lo más fisiológico posible. No se puede banalizar un parto inducido como si fuese lo mismo, y debería existir un motivo médico siempre. Pero si por lo que sea es necesaria una inducción, ¡que no cunda el pánico!

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Quizás no es lo que nos imaginábamos en un inicio, pero una inducción no implica necesariamente dolor insoportable, estar tumbada horas y horas en una cama, fórceps, episiotomía, cesárea… sí que puede durar más horas y resultar cansada, y aumentar las probabilidades de cesárea, pero también las hay que funcionan. Y hay mujeres que tienen vivencias muy positivas y bonitas a pesar de haber necesitado una inducción. No todo es blanco o negro… y la tonalidad de grises es muy variopinta según desde dónde se mire.