A NUEVE CENTÍMETROS: EL LIMBO

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A NUEVE CENTÍMETROS: EL LIMBO

mare en pilota posturasSi leéis relatos de partos fisiológicos (también llamados naturales, sin intervenciones médicas ni analgesia epidural) veréis que muchas mujeres coinciden en un punto: una especie de limbo, más o menos a los nueve centímetros de dilatación, en el que las sensaciones cambian. Ese limbo lo vivimos a diario en la Sala de Partos, y no todas las mujeres reaccionan igual, así que hoy hablaremos del tema.

El nombre de limbo no está en los libros de Obstetricia, se lo he puesto yo porque no es más que un momento de transición entre dos etapas del parto: la fase de dilatación y el periodo expulsivo. Es un momento un tanto extraño, en el que la mujer siente que no puede ir hacia atrás pero tiene un cierto miedo a ir hacia delante, a lo desconocido.

El parto suele (recalco suele, no ocurre siempre) iniciarse de forma progresiva, con contracciones suaves que se van intensificando, de modo que la mujer puede ir adaptándose a ellas, a convertirlas en sus aliadas, a bailar con ellas. Esto hace que se encajen con más o menos facilidad, trabajando sin pausa pero sin prisa, como en una carrera de fondo. En cambio, una vez llegados al limbo empieza el verdadero sprint: se acerca el expulsivo. Las contracciones son diferentes, a menudo más intensas y más seguidas, sin dejar demasiada tregua y sin dar tiempo a que la mujer se recupere antes de que empiece la siguiente. El dolor es diferente, la cabeza empieza a bajar por el canal del parto y ejerce presión sobre los tejidos del suelo pélvico. Esa sensación es nueva, y ha aparecido casi de golpe, rompiendo el equilibrio que se había establecido durante la carrera de fondo.

Justo allí, en ese punto, aproximadamente a nueve centímetros de dilatación,  se puede llegar al desespero, al “no puedo más”. Vemos caras de miedo, de incertidumbre, de indecisión, y también de poder, de valentía, de entrega a la siguiente fase. Es uno de los puntos críticos en los que algunas mujeres prefieren continuar el parto con analgesia epidural por ser todo demasiado intenso para vivirlo como algo placentero.

Un buen acompañamiento en el parto es sumamente importante, tanto por parte de la pareja como de los profesionales que asisten a la mujer. Pues bien, cuando se llega al limbo dar el soporte adecuado a la mujer es crucial, imprescindible. El desarrollo de lo que queda de parto, y la vivencia que recuerde a posteriori la mujer, dependerán en parte de quien ha estado a su lado.

foto monitor 2El paso por el limbo debería ser algo rápido, muy transicional, para así entrar en cuerpo y alma en el periodo expulsivo, el sprint, el último puerto de montaña de la etapa ciclista. El limbo es como un despertar de la fase de dilatación, en la que se podía hasta dormir entre contracciones si se está muy cansada. Es como una cuerda floja hasta que se decide dar el salto. Saltar hacia el expulsivo o hacia la opción de la epidural es igual de correcto, no hay nada mejor ni peor, la decisión final es de la mujer. Su acompañante habitualmente conoce sus expectativas previas, sus deseos, y puede orientarla, pero sin posicionarse en exceso. Hay que explicarle qué está ocurriendo, que cada vez notará más presión, que puede sentir como se rompe en dos, que va a ser intenso, pero que no se va a morir de dolor y que todo lo que siente es normal en esta fase. Lo que necesita la mujer en ese momento es que se le transmita seguridad. No hay que llevarla hacia el terreno de la epidural simplemente porque nos duela verla sufrir con el dolor, o porque sintamos lástima. Hay que intentar pensar qué quiere ella realmente y darle la mano para que encuentre su camino.

postura asseguda 2Recuerdo el parto de una gran amiga, que se planteó un parto sin intervención pero no estaba cerrada a nada. Compartimos el momento con Nuria, nuestra comadrona de Mater Training. Tuvo una dilatación preciosa y tranquila, con alguna siesta incluida, en la que todos perdimos la noción del tiempo y supimos que se acercaba la noche porque había menos luz. Sobre los siete centímetros tenía dolor, pero me confesó tener una enorme curiosidad por vivir ese momento, así que me prometí que no la dejaría rendirse (aunque no hubiese sido ninguna rendición, simplemente un cambio de planes). Y al poco rato llegó al limbo: las contracciones eran diferentes, estaba físicamente muy cansada, tuvo dudas, su pareja le decía que si se ponía la epidural no pasaba nada, y ella titubeó unos instantes. Nosotras no nos posicionamos, pero le transmitimos que era capaz de hacerlo si quería, y realmente quería… así que se abrochó el cinturón y saltó hacia un expulsivo intenso pero con un final muy feliz.

Así pues, si nos leéis y os planteáis un parto sin analgesia, llegará un momento en el que sentiréis que no podéis más, que algo ha cambiado, que ya no tenéis la situación tan controlada. Bienvenidas al limbo. Allí no os quedaréis eternamente, así que adelante, dad un paso adelante y disfrutad de lo que viene a continuación.

Desde Mater Training os deseamos que tengáis una vivencia de vuestro parto, y os recomendamos llegar al gran día con la máxima información posible en el bolsillo. Conocerse a una misma y conocer todo el proceso da mucha seguridad, y por esto la anatomía y la fisiología son pilares fundamentales de nuestros cursos. También os animamos a compartir vuestras experiencias en nuestra sección “Explica tu parto” y así ayudar a otras madres que están a punto de dar a luz.

 

By | 2017-05-30T11:16:45+00:00 21 marzo, 2016|12 Comments

About the Author:

Médico Especialista en Obstetricia y Ginecología en el Hospital General de Catalunya. Madre y Blogger. Me encanta escribir, y me apasiona acompañar a las mujeres en su viaje más bonito.

12 Comments

  1. El Pollito Mamífero 30 abril, 2016 at 22:54 - Reply

    Con razón en mi “no estar de parto” no pude más y pedí un calmante pal culete, y al llegar a paritorios llevaba la cabeza fuera!!!
    Si os interesa ver el relato entero del parto, lo tengo grabado con pelos y detalles aquí;https://elpollitomamifero.wordpress.com/2016/04/21/nacimiento-de-repollito-asi-pari-sin-mas/

  2. Sabina 2 abril, 2016 at 16:34 - Reply

    Reconozco el momento, pero en mi caso fue todo tan rápido que no me dio tiempo a plantearme nada, ni llegué al punto de miedo o desesperación. La verdad es que tuve un parto muy fácil y simplemente me dejé llevar. Si os apetece leer mi historia la tenéis aquí: http://www.planetaalicia.com/el-relato-de-mi-parto-un-parto-respetado-y-feliz/

  3. Luana betina mejias 31 marzo, 2016 at 06:26 - Reply

    Les cuento mi experiencia! Viernes 9 de enero de 2015 me desperté a las 2 de la mañana. Fui al baño y me dirigí a la cocina a mi bocadillo nocturno. Tenía ciruelas en la heladera y como un par y me acoste. A las 3.45 de la madrugada húmeda. Pensando q me había orinado (ilusa) me fui al baño a cambiarme. Cuando vuelvo a la habitación y me siento en la cama nuevamente me siento húmeda. Ahí me si cuenta que algo rato pasaba. Volví a cambiarme y me acoste y encendí el televisor esperando a ver q pasaba. A las 4.15 empezaron las contracciones. Suaves y bastante rápidas. Sin dolor. Yo no podía creer que por fin había llegado el momento. Era una mezcla de alegría y miedo. Mi marido dormía al lado mío. A las 5 de hicieron más rápidas. Me levante. Me di una ducha y llame a mi obstetra y amiga. Me pregunto si ya estaba lista para internarme y le dije q sólo me faltaba despertar al papa. Me dijo en media hora nos vemos en la clínica. Desperté a mi marido. Pobre no sabía ni lo que le pasaba. Se vistió y agarro los bolsos y salio a la calle. Sin sacar el auto! Después de las risas llegamos a la clínica y me quede caminando afuera. Ya amanecía eran 5.45 de una hermosa mañana de verano. Llegó mi amiga y entramos a ingresarnos. Me revisó y ya tenia 4 de dilatación. Me aviso q iba a ser Rapido! Y nos fuimos a la habitación. Nos quedamos charlando y yo caminaba y me ponía en cuclillas. A las 8 me revisan y ya tenia 8 de dilatación. Avisamos a mis papas. Mi hno y 1 amiga. Ahí empecé a tener contracciones más fuertes. Llegaron todos a la habitación y yo me fui al baño. Necesitaba estar sola. Concentrarme en lo que estaba pasando. Cerca de 8.40 llegue al limbo! El dolor era indescriptible pero no me provocaba gritar. Sólo respiraba y aguantaba. Y sentía el alivio cuando se iban hasta la próxima. Y a las 9 vino mi amiga obstetra y la médica y me dijeron: vamos! Salí de la habitación sin mirar a nadie. Me negué a ir en la silla. Quise ir caminando a la sala de partos. Ya no sentía tanto dolor. Si las contracciones. Llegamos. Me acoste. Mi marido estaba de un lado y mi amiga del otro. No tenia dolor. Estaba tranquila. Muy tranquila. La médica me dijo en la próxima contracción puja! Y así lo hice. Sentía una fuerza que nunca creo tener. No había dolor. Sólo ganas de ver mi bebe. Puje 3 veces y salio. Y la escuche llorar. Fue lo más hermoso! Me la pusieron en el pecho y la vi. Y me enamoré! Ahí estaba mi mujercita fuerte! Mi Briana! El médico la revisó y mi marido y mi amiga la vistieron para llevársela a la Flia q estaba afuera esperando. Rememoro muchas veces esos momentos y me encanta! Es mi primer hija. Tuve un hermoso embarazo. Trabaje hasta 2 semanas antes de tenerla. Y tuve un parto divino! Soñado!

  4. Arantxa CG 27 marzo, 2016 at 07:48 - Reply

    http://umamilagromaestra.blogspot.com.es/2012/01/el-nacimiento-de-uma-relato-de-un-parto.html?m=1

    “(…) Tengo más lagunas de esas contracciones, recuerdo cómo aumentaba progresivamente la intensidad del dolor, cómo los ahhhh se transformaron en gritos y cómo éstos se convertían también en una llamada de atención “ven, estoy aquí, tenme en cuenta”, para reclamar a tu padre o un determinado trato en el hospital: yo no hablaba, volvía a ser la básica y primaria que gritaba, que aúllaba, que rugía… sin más.

    Cada contracción me acercaba más a ti. Recuerdo a papá presionándome los puntos del sacro que le había enseñado Eva, nuestra doula -que tanto nos cuidó antes y tanto nos ha cuidado después del alumbramiento-, a M. Jesús acunándome, sosteniéndome y guiándome con su dulce voz (“no te resistas, entrégate…”), recuerdo sentir la intensidad de la punzada del dolor y caer rendida tras él, irme, desaparecer, sumergirme en un gozoso letargo del que me despertaba otra contracción y entonces recordaba que estaba de parto y que ambas continuábamos nuestro trabajo (estoy segura que a ti te ocurría lo mismo: sentías la presión del útero empujándote, oprimiéndote… y después la satisfacción ronroneante del descanso, de la tregua antes de otra contracción…).

    Sucedieron contracciones realmente placenteras… En algunas de ellas, aplicábamos nuestros recursos, dábamos pábulo a la confianza y navegábamos la ola del dolor: ascendíamos con él, lo sosteníamos con la voz y la respiración y descendíamos… y la sensación de placer, de éxtasis… era inmensa. En otras, olvidábamos la integración y batallábamos desde la guerrera dual y entrábamos, sosteníamos y salíamos de la contracción “por ovarios”, firmemente ancladas a tierra, apoyadas en la fuerza infinita de las piernas, sintiendo la inaudita fortaleza de los pies, las piernas y la pelvis… Toda la parte inferior del cuerpo poderosa, fuerte, vital…

    En algún momento nos sentaron en una silla para ir a una sala de dilatación (la dilatación era casi completa). Al llegar (el desplazamiento es una nebulosa en medio de un ensueño entre contracciones), recuerdo sentir que no estaba M. Jesús y sí una comadrona del hospital que no había visto hasta entonces. Eso rompía mis planes (mi control) y grité, grité, grité… chillé, chillé, chillé… llamando a M. Jesús (siendo el bebé que reclamaba a mi madre: “ven, estoy aquí, tenme en cuenta”, entendí después) para que me ayudara y sostuviera.

    En un momento de lucidez -de lucidez, no, la lucidez estaba en el instinto que me estaba permitiendo parir- en un momento cerebral comprendí que M. Jesús no iba a estar y que sólo contaba con David. Me dispuse a confiar en él, pues era quien estaba a mi lado y quien ha estado en el embarazo y lo está ahora.

    En la sala, llegamos enseguida a dilatación completa (conseguimos pasar de 2 a 10 cm en 5 horas: somos unas campeonas primíparas 🙂 y empezó la fase de alumbramiento.

    Recuerdo las tremendas ganas de pujar, el poderoso deseo de empujar y empujar y empujar y gritar y gritar y gritar… rugiendo desaforada fuera de mí: a cada pujo estabas más cerca, a cada grito más fuera, a cada rugido más abajo…

    Recuerdo ver gotas de sangre en el suelo y tener un momento de sorpresa (“sangro”, me dije).

    Recuerdo el latigazo del sacro a la nuca, el dolor inmenso, el poner mi cuerpo al límite del límite, el ir más allá del más allá…

    Recuerdo algunas palabras de la comadrona (que después, pese a su aridez de trato inicial, resultó ser de gran ayuda). Me decía que estaba coronando y si quería tocarte o verte con un espejo (no lo hice porque estaba muy cansada, para no agotarme del todo: sólo quería empujar), me preguntó en qué postura deseaba dar a luz y que evitaría en todo lo posible la episiotomía pero que acercaba el material por si tenía que intervenir para que no me desgarrase el periné.

    Recuerdo estar estirada en la camilla tras una tremenda contracción e incorporarme para ponerme vertical.

    Papá, que había llorado al ver parte de tu coronilla al fondo del canal de parto, me decía que empujara, que un poquito más, que ya estabas casi, “veo a Uma, está aquí, un poquito más, Aran, es Uma, está aquí, un poquito más…”, “no puedo”, decía yo… “Claro que puedes, Aran, un poquito más, un poquito más y estaremos con Uma, estaremos los tres…”. Y yo empujé y empujé, hija, y creí morir. Y grité y grité para que ese grito me ayudara a darte a (la) luz, a la Vida y empujé, Uma, empujé con toda mi vida, con toda mi alma y todo mi corazón, toda yo en juego, apostándome entera para parirte. Empujé, Uma, empujé con mi vientre poderoso de mujer abierta, con mi pelvis salvaje de hembra animal, con todo mi ser abriéndose para darte paso, hija, para sacarte de mí y que fueras una y libre separada de mi cuerpo, pero siempre unida a mi alma y a mi sangre. Y empujé, mi niña, empujé gritando el grito primario de la tierra dando a luz a la vida y papá te cogió en brazos llorando y te puso sobre mí -nuestro primer abrazo- y yo sólo daba las gracias. “Gracias, gracias, gracias…”, repetía sin cesar. Gracias a Dios, a la Vida, a ti Uma, a papá, a mi madre, a mi padre, a todo mi linaje… a todos. Gracias al mundo por aquel momento, por aquel milagro, por aquella oportunidad tan única y divina, por darme el regalo más maravilloso de la existencia. (…)”
    25/11/11

    • Amaia 29 marzo, 2016 at 17:26 - Reply

      Barbara… Piel de gallina me poneis Uma y tu, y David, y m.jesus, y la comadrona, y todo tu linaje… 😉
      Brutal!

    • Cecilia 29 marzo, 2016 at 23:00 - Reply

      Que fuerte, entrañable y conmovedor hasta las lágrimas Aran, Uma, papá, la comadrona y todo el linaje espiritual ahí presenté! Conmovedor!!!

  5. Isabel Márquez 26 marzo, 2016 at 23:39 - Reply

    El “limbo” recibe el nombre de estado alterado de consciencia. Si la mujer supiera de antemano qué experiencias emocionales puede tener, no haría falta explicarlo en el paritorio. Allí ya no es momento de hablar o pactar. Me alegra que no os rindáis a la primera a la epidural y sepáis reconocer que el dolor de la madre no necesariamente es sufrimiento, a pesar que desde fuera lo parezca. Igualmente, hay muchas otras formas de atenuar el dolor, no solo existe la epidural. No sé si ya le habéis dedicado un post a estas alternativas, pero sería interesante. Ojalá la educación prenatal mejore en este y otros sentidos. Un saludo.

    • Laura Rodellar 30 marzo, 2016 at 10:19 - Reply

      Gracias por tu comentario Isabel. Es cierto que muchas mujeres llegan a la Sala de Partos sin saber qué va a ocurrir y por qué, y precisamente esto fue lo que nos llevó a crear Mater Training. De hecho en nuestros cursos online hablamos tanto de estrategias no farmacológicas para sobrellevar el dolor (dedicamos una clase entera a ello) como de analgesias farmacológicas, entre ellas la epidural. Nuestro objetivo es proporcionar toda la información necesaria para que cada mujer tome sus propias decisiones de forma consciente.

  6. Bidean 26 marzo, 2016 at 15:47 - Reply

    Me ha gustado el texto. Me siento identificada en parte, en una gran parte. Hay cosas que en el momento no podía explicar, sólo frases cortas que se quedaban cortísimas para explicar lo que sentía y quería decir. A ver si tengo un rato y os cuento mi experiencia 😉

    • Laura Rodellar 30 marzo, 2016 at 10:20 - Reply

      ¡Cuando quieras! Nosotras estamos encantadas de que os apetezca compartir vuestras experiencias.

  7. Blanca 21 marzo, 2016 at 12:36 - Reply

    Dios, qué identificada me siento. En parte porque también asististe mi parto tú, porque también me animaste y respetaste, porque también tenía curiosidad por el parto natural (oye, el “equipamiento de serie” debería funcionar, no?) y porque las dos últimas contracciones me hicieron decir “no puedo” y “me parto en dos”… Y te mueres de miedo, pero estás bien acompañada, tu pareja te mira sin saber qué hacer, respetando en todo momento tu decisión, y cuando tanto la comadrona como tu ginecóloga como el resto del equipo te dice “sí, mujer, que ya está” sin presiones, sin agobios, sin juzgarte, sin tonos despectivos… Sabes que a una mala estás en buenas manos… Te relajas y hop! Efectivamente, fueron las dos últimas contracciones…. Menudas, eh? Pero volvería a hacer exactamente lo mismo… Si tuviera la gran suerte de coincidir con la misma gente, claro . No sé si os dí las gracias con suficiente ahínco… Pero vamos… De corazón… Supongo que sabéis la diferencia que marcáis, pero nunca está de más recordárosla. Mil gracias, de nuevo

    • Laura Rodellar 30 marzo, 2016 at 10:21 - Reply

      ¡Gracias Blanca! Todos los partos que asistimos forman parte de nuestra mochila de la experiencia, cada uno de ellos deja su huella. Un abrazo a los tres.

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