¿En qué consiste una inducción?

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¿En qué consiste una inducción?

En el anterior artículo os explicábamos en qué situaciones se puede recomendar una inducción y qué supone. También os explicamos que cada vez se recomienda que su práctica esté muy bien justificada. Y es que lo mejor para una madre y su recién nacido es que el trabajo de parto ocurra de forma espontánea. Pero como no todos somos iguales y las cosas pueden cambiar, hay que tener plan B. La inducción debe ser el plan B para aquellas situaciones que se salen de lo normal. Si queréis saber en qué situaciones se recomienda hacer una inducción del parto, os recomendamos que leáis nuestro anterior artículo de blog.

 

¿Cómo se consigue desencadenar un trabajo de parto?

La respuesta depende de muchos factores, el principal es lo preparado que esté el cuello uterino. Este suele estar más preparado y, por lo tanto, necesite menos intervención, si hemos tenido otros embarazos antes o si estamos cerca de la fecha probable del parto y mucho mejor si ya hemos tenido contracciones de preparación del parto.

Para hacerlo muy sencillo, en los casos en los que el cuello ya esté preparado, nosotros le llamamos “maduro”, lo que se suele hacer es provocar contracciones mediante dos opciones: una sería romper la bolsa de las aguas, la otra, sería provocando contracciones con oxitocina endovenosa. Esta fase puede durar entre 6 y 12 horas.

Si el cuello está “inmaduro”, porque es el primer parto, estamos lejos de la fecha probable o no hayamos tenido aún contracciones, antes de hacer nada habrá que madurar el cuello. En los hospitales de nuestro entorno se suele hacer con el uso de prostaglandinas.  Son un medicamento que provoca este efecto. Se administra de diferentes formas: comprimidos vaginales, comprimidos orales, gel vaginal o mediante un dispositivo con forma de tampón vaginal. Cada hospital tiene sus protocolos de inducción y utiliza más o menos un medicamento. Esta fase puede durar entre 12 y 24 horas.

A veces durante esta fase de maduración del cuello uterino se desencadena el parto y no hace falta la fase de administrar oxitocina, porque ya se genera de forma espontánea. Esta sería la situación ideal. En otras ocasiones, después de madurar el cuello, hay que administrar oxitocina para que empiece el trabajo de parto. Y en muy pocas ocasiones, ningún procedimiento consigue que arranque el trabajo de parto y entonces hay que hacer una cesárea porque nos encontramos en una situación que conocemos como “inducción fallida”.

Como podéis ver, se necesitan horas para llevar a cabo una inducción. La tasa de éxito, a pesar de lo pesado y largo que puede parecer, bien hecho, es decir, pasando por todas las fases que hemos explicado, alcanza el 70 -80 %. Esto lo sabemos porque se hacen estudios comparativos en miles de partos inducidos de diferentes maneras y comparados entre sí y comparado con los partos espontáneos. Por lo que un buen consejo si os practican una inducción del parto es que os arméis de paciencia y de actitud positiva. Así seguro que todo saldrá bien.

 

Y la pregunta del millón, ¿en qué momento se pone la epidural? La respuesta depende de cada parto. La que decide si necesita analgesia peridural (epidural) y en qué momento, debe ser la mujer que está dando a luz. Sólo hay que tener en cuenta que, si el trabajo de parto no ha empezado, es mejor optar por otras medidas de alivio del dolor antes de la peridural. El principal motivo para esperar es mantener la posibilidad de tener movimiento, ya que aporta muchas ventajas: la vivencia si tenemos libertad de movimiento es mejor. Y, por otro lado, evitamos un efecto deletéreo de la epidural, que a veces, sobretodo en fases iniciales de las contracciones, puede frenar el proceso.

 

Durante todo el tiempo se recomienda seguir ingiriendo líquidos: agua o bebidas isotónicas, e incluso en las fases más iniciales de la inducción, cuando aún no hay contracciones o estas son ligeras, se puede ingerir algún sólido. Siempre será el equipo que nos atienda el que indicará lo más recomendable.

 

Para acabar, la actitud positiva, animada, confiando en nosotras mismas, visualizando un parto vaginal, es muy importante, ya que hará que vivamos todo el proceso de una manera positiva. Y, si finalmente no se consigue un parto vaginal, y nos realizan una cesárea, nos debemos quedar con el pensamiento de que se ha intentado y que esa es la mejor solución. Evitando sentimientos negativos, de culpa, que son muy autodestructivos.

Como ya sabéis nos podéis enviar vuestras preguntas y sugerencias porque seguro que así todos podremos aprender más y estaremos encantadas de resolver vuestras dudas.

En nuestros cursos y en nuestro blog encontraréis más información. No os lo perdáis.

 

 

 

By | 2020-06-23T11:27:14+00:00 23 junio, 2020|0 Comments

About the Author:

Médico Especialista en Obstetricia y Ginecología en el Hospital General de Catalunya y Clínica del Vallès. Enamorada de mi profesión y comprometida con la Atención a la Salud de la Mujer.

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